
En un país conocido por su inestabilidad económica, una empresa lleva medio siglo vendiendo reactores nucleares y satélites al resto del mundo. Cualquiera que quiera innovar en nuestra región debería entender cómo lo logró.

En Tokio, donde el lujo habla francés, italiano o inglés, una familia de zapateros españoles abrió su primera tienda en Asia. Pudo elegir un nombre italiano. Puso Mallorca en el escaparate.

Cuesta recordar la última vez que estuvimos ante un político que hablara con autoridad. Hay poder, pero no autoridad; su lenguaje está enterrado en una encrucijada de hace cinco siglos, entre Florencia y Salamanca. Tenemos sed de él. Quien lo hable no tardará en liderar.

Escasean los habanos y, desde que China paga más, en Europa faltan cajas. ¿Puede ocupar su lugar el tabaco hondureño? Vivi Eiroa, cuarta generación de una familia que Castro expropió, lo posiciona desde Bruselas, capital de un viejo continente que tiene el puro por vicio.

Hacer una obra maestra es lo fácil. Venezuela encargó la suya a Carlo Scarpa: un pabellón en la Bienal de Venecia. Está cerrado. A un vaporetto de distancia, el granadino Mariano Fortuny y Madrazo hizo de sus telas una empresa. Un siglo después, se siguen pintando.

Cuando en una empresa ruedan cabezas, suelen ser las de abajo. Venecia hizo rodar la de arriba una sola vez, y le bastó para siglos.













